Madre patria (Nuevo)

Madre patria (Nuevo)

Marcelo Gullo Omodeo
ISBN: 9788467062496
Editorial: Espasa
23233
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SUBTÍTULO
Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán
NÚMERO DE PÁGINAS
560
FECHA DE EDICIÓN
2021-05-26
PESO
626.0
1 Artículo
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MADRE PATRIA

Marcelo Gullo Omodeo

La librería santiaguina Comuna Literaria (CL) me ha pedido que escriba una nota para tentar compradores, luego lectores, del penúltimo libro del profesor argentino Marcelo Gullo Omodeo (1963): Madre Patria. (Recuerdo, entre paréntesis, que CL es la única librería chilena que incluye en su catálogo ese título, porque, pese a ser editado por una transnacional del libro, que tiene distribución en todo el continente, y aun con las quejas del propio autor, el libro, publicado en España por el sello Espasa en 2021 y que ya va por su duodécima reimpresión, no se distribuye en Hispanoamérica). Me lo ha pedido, conforme, pero ocurre que me leí Madre Patria hace medio año y lo he olvidado casi todo de él. Cosa que no estaría mal si me atengo a lo que en una ocasión me dijo mi abuelo materno: “Cultura es leer mucho y que se te olvide todo”. Claro, no estaría mal, sino peor, pues además de olvidadizo soy lector esporádico… ¿Cómo es la cosa, entonces? Pues precisando, antes de continuar, que CL ha recibido, a comienzos de 2023, el último libro de Gullo, Nada por lo que pedir perdón: La importancia del legado español frente a las atrocidades cometidas por los enemigos de España (Espasa, 2022).

 

Madre Patria se inscribe dentro de una corriente de autores hispanoamericanos y españoles de los últimos 10 años, quienes, valiéndose además de los medios electrónicos (sobre todo videos con conferencias y entrevistas gratuitas disponibles en Internet) vienen reviviendo lo que históricamente se denomina hispanismo, a saber, un empeño bibliográfico, político, incluso geopolítico y de extensión que pone de relieve la herencia de la cultura hispana en América, la que, a su vez, es permanentemente minimizada o zaherida por la transculturización proveniente de fuentes geopolíticas históricamente enemigas de España. Pese a ello, siempre han destacado autores que, por ejemplo en el siglo XX sacaron cabeza entre la vorágine de influencias de otras índoles, como para Chile fue el caso de Jaime Eyzaguirre, acaso el más connotado hispanista que parió esta tierra del fin (finis terrae). Cuando me refiero a un resurgimiento del hispanismo ya entrado el siglo XXI, sobre todo se me viene a la cabeza el título de la española María Elvira Roca Barea (1966), Imperiofobia y leyenda negra; Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio Español (también a la venta en CL), editado en 2016, cuya primera edición se reimprimió a lo menos 34 ocasiones y que el año pasado, 2022, se reeditó ampliado y corregido. Otros autores de esta corriente, principalmente españoles, son Pedro Insua (1973), Iván Vélez (1972) y José Javier Esparza (1963), entre otros. En la angloesfera, el ya veterano hispanista useño (de USA) Stanley Paine (1934) con su clásico En defensa de España (otro título disponible en CL), o el también hispanista francés Joseph Pérez (1931-2020). Así como en el ámbito de Internet destaca la joven estudiosa española Paloma Hernández, con su labor de extensión básicamente audiovisual en su canal de Youtube Fortunata y Jacinta. Y son varios más, aunque entiéndase que aquí lee las líneas de un ignaro.

 

A lo menos para un chileno de 50 ó 40 y tantos, formado o deformado en algún colegio público o no tan público de su país, el sintagma “madre patria” es un recuerdo siempre latente o muy presente, pues en el aula y en los textos se ocupaba para referir al lugar al que nosotros, niños chilenos entonces, debíamos lengua, religión, estructuración inicial de pueblos y ciudades, técnicas industriales, agrarias (la rueda llegó con los españoles), es decir, en general, la cultura en la que habíamos nacido y en que se nos estaba educando… o educando a medias. Sin embargo, había algo que no terminaba de calzar. Loas en el sintagma (repitamos: “madre patria”), pero desprecio implícito, al punto que el proceso de “independencia” (sic), que también se nos enseñaba, se había debido a una especie de reacción contra esa madre, que, al mismo tiempo, por lo tanto, habría sido una pésima madre. Por la misma época salió de imprenta acaso el título más influyente en “cerebridades” (de cerebros… débiles) que batió récord de ventas y lectores en todas las décadas siguientes: Las venas abiertas de América Latina (1971), del uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), que vendría a ser el producto más popular en Hispanoamérica para alimentar lo que se denomina “leyenda negra”, esto es, todo aquel relato que pinta la obra de España en América y del Imperio Español en el orbe (fue el primer imperio global) como una retahíla de hechos macabros y pauperizantes en todo lugar donde ponía los pies y que habría baldado a la propia España en su desarrollo como país ya entrado el siglo XIX y ni qué decir en el XX, con Francisco Franco como epítome. Sobre Galeano y su libro, dejemos constancia de lo que él mismo dijo pocos años antes de morir al diario español El País, en lo que se interpretó como un varapalo a sí mismo por las exageraciones de su libro: “No lo volvería a leer”.

 

Y es que el asunto tiene hilo, porque acaso el lector se habrá dado cuenta de cómo, pese a ser hispanoamericano, o sea nacido, criado y vivido en algún país al sur del Río Grande (frontera entre USA y México), siente en sí ese prurito contra sí mismo y gran parte de lo que culturalmente lo explica y da sentido. En términos de lo que aquí pretendemos formular, si hubiésemos nacido en el siglo XIX y formado parte de la clase dirigente, el hispanismo habría sido contradicho por la obsesión por lo francés que, desde el siglo XVIII había entrado como el deber ser en los estamentos de poder político con la llegada de la casa de Borbón, en el preciso año 1700, y la entronización del nieto de Luis XIV, que tomó el nombre de Felipe V, a la cabeza de Imperio Español. Luego, tras las así llamadas “independencias” (sic otra vez) y la paulatina influencia del mundo anglosajón, primero británico, y ya en el XX, useño, si bien todo en nosotros nos indica a España (como arriba fue expresado: lengua, religión de base —fe fundante en términos de Marcelo Gullo—, urbanismo, entre otros), tanto en el sistema educativo y los medios de comunicación de masas (impresos primero, eléctricos y electrónicos enseguida) parecen haber ido cubriendo nuestro origen (mestizo, indígena o europeo acriollado) con un conjunto de paños, en capas, hasta hacernos olvidar lo que de verdad somos. Lo paradójico es que todo, eso sí, en el basamental idioma que usamos hasta en los en sueños que, a veces, rematan en pesadillas.

 

Insertemos una cita de Madre Patria: «Desde mediados del siglo XVII hasta el ecuador del XX, el imperialismo cultural francés, el británico y, posteriormente, el norteamericano consiguieron subordinar a los hispanoamericanos de tal forma que hemos asumido todas las falsedades de la leyenda negra de la conquista española de América sin siquiera reflexionar sobre ellas.» Hasta ahí lo que venimos tratando, pero en tras un punto seguido, leemos: «Luego, cuando la Unión Soviética y Cuba tomaron el relevo de la prédica de esa misma leyenda negra, la intelligentzia se convirtió en “negrolegendaria”, es decir, en acérrimos propagandistas del supuesto genocidio de los mal llamados “pueblos originarios” (del Asia) por lo bárbaros conquistadores españoles».

 

Pues que Madre Patria es eso, una exhaustiva revisión de gran parte de la propaganda que va contra la obra de España en América, donde destaca la tarea liberadora de Hernán Cortés en el actual México, quien, con alrededor de 300 hombres españoles fue capaz de desarticular al Mexica o Azteca con la ayuda de totonacas, tlaxcaltecas y cholultecas, todos hasta ahí sojuzgados por la “metrópoli” Tenochtitlán, ¡el imperialismo (que no Imperio) nativo de aquella época!, quienes por cientos de miles se aliaron a Cortés para zafar de aquel pueblo antropófago, reemplazando dioses crueles a quienes se les ofrecía sangre humana de niños y mujeres de pueblos sometidos por la sangre de Cristo en la Cruz, un Dios bueno que se había encarnado para redimir con su Pasión al hombre. Hay, asimismo, la historia de la obra educativa realizada por España en América, cuya más evidente, aunque olvidada u omitida raíz cristaliza en la obra de las órdenes religiosas y en la fundación de universidades en todos los virreinatos, con un adelanto y en una cantidad muy previas y superiores a lo que los ingleses hicieron en su pequeño terruño de la costa este de la actual USA; pequeño porque, encima, hay un repaso de la avanzada hispana en la mayor parte del territorio de Norteamérica, teniendo como punto de inicio el Virreinato de Nueva España, actual México, sobre todo los estados de California, Nuevo México, Arizona y Texas, por citar áreas que, por si el lector lo ha olvidado, hasta la guerra entre el México “independiente” (tercer sic) y USA de 1846 a 1848 eran territorio mexicano. Y demos por descontado que la actual Florida fue descubierta e incorporada a España por el explorador Juan Ponce de León en 1513 y recién en 1821 vendida a USA (cuya “salida relativa” de la esfera británica había sido en 1776, y con la ayuda de España) por cinco millones de dólares de la época… los que jamás fueron pagados.

 

Por último, y muy conveniente para entender la corriente indigenista y separatista que atenaza a varios países, Gullo hace una pormenorizada relación de hechos respecto de cómo, desde los años 20 del siglo XX, siguiendo directrices directas del sovietismo ruso comienzan el intento por balcanizar Perú, Bolivia y Chile, con un primer congreso realizado en Buenos Aires (cuyo denominación primigenia fue Puerto de Santa María del Buen Aire), Argentina, aludiendo a los “pueblos originarios” y su supuesta reivindicación de autonomía respecto de esos tres estados nacionales, intención contenida, lo que también es justo recordar, como insiste Gullo en Madre Patria, por parte de la propia izquierda hispanoamericana, donde destaca el nombre del político peruano fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Víctor Haya de la Torre, que muy revolucionario habrá sido, pero antes que ello entendía la Obra de España en sus territorios de ultramar.

 

En fin y en suma, en palabras del filósofo ateo español muerto en 2018 Gustavo Bueno, Madre Patria es un tratado llano e instructivo para adentrarse en el entendimiento de por qué el Imperio Español fue, gracias a Dios, un “imperio generador”, a diferencia de los “imperialismos depredadores”, como lo fueron el inglés, el holandés, también el francés e incluso el portugués.

 

Espero haber cumplido, aunque todo lo he olvidado.

 

N.N.

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