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Buenos días, señor Zola

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*Armand Lanoux *ISBN: ...

Buenos días,  señor Zola

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Detalles

*Armand Lanoux
*ISBN:
*Editorial: Ercilla
*Característica: Libro usado.
*Año:1957. 1ª Edición
*Estado: Muy bueno
*Número de páginas: 358.
*Formato: Rústica
*Disponibilidad: Inmediata.
*Ci: 1249

 

 

 

(Reseña del editor)

La biografía es una apuesta estúpida. Nace de la historia y del relato, géneros antagónicos. Pues, cuando la historia se presenta con las cualidades del relato, pierde en precisión científica, y cuando gana en este plano, el detalle se halla a punto de matar la vida. Pero en ello reside el encanto: todas las tentativas de traducir la vida en el papel son estúpidas apuestas.

El autor escogió la vida. Enormemente leyó a un escritor que produjera enormemente y de quien se ha escrito enormemente. Su afán de reencontrar lo patético cotidiano de su personaje lo ha forzado a sacrificar las más de las referencias. Lo lamenta . . ., mas él nada podía.

Puso lo más a menudo posible a su personaje "en situación" con fe en las obras, testimonios y documentos, navegando a veces, tan raramente como pudiera, más cerca de lo verosímil que de lo cierto. ¡Pero no se hace un retrato, como lo deseaba el aduanero Rosseau: trasladando a la tela las medidas del rostro de Apollinaire! El autor ha hecho hablar a su héroe, sin novelar, mas como novelista. Espera que se le rinda justicia en esto: nunca lo hizo gratuitamente, pero siempre "en el movimiento". Cuando habla Zola, ciertas frases están impresas en itálica. Tales frases en itálica han sido realmente dichas o escritas por Zola.

En fin, el autor ha concluido por ver a aquel hombre con quien estuvo viviendo por más de dos años; y, asimismo, por amarlo. ¡Oh! A su manera... Los fanáticos hallarán acá mucho irrespeto. En numerosas escenas, la acusación lleva la ventaja sobre el relato mismo, particularmente en lo que concierne al Segundo Imperio, al régimen de Mac-Mahon y el Asunto Dreyfus. Tales períodos, vistos con la perspectiva del tiempo, que él ridiculiza c idealiza por igual, ¡ hoy día participan tanto de la pantomima, del folletín y del ballet cómico cuanto del acta judicial! Concluir por ello que el biógrafo despreció a aquella época desde lo alto de la suya seria un contrasentido: ¡ Cómo condenar una época en nombre de la nuestra!

Así, pues, la historia de ese hombre se inicia en el propio corazón de un París aún medieval, de estilo Luis XIV y balzaciano, dos veces menos extenso que el nuestro, durante el reinado del Rey-Burgués, mientras crece un cuarto poder, el diario, no lejos de la calle del Croissant en donde, al pasar del tiempo, habrá de morir un Jaurés coetáneo de tales aventuras: un Jaurés que abre con su gesto de agonizante el mísero telón carmesí de esa primera guerra mundial, que ha arrojado a los romanticismos de nuestra prehistoria la vida de Zola y de sus contemporáneos. Era en 1840, entre el Mercado y los Grandes Bulevares. . .

 

 




 
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